jueves, 8 de marzo de 2012

Siete preguntas sobre el sable de San Martín (reversión en 2021)

Siete preguntas sobre el sable de San Martín

 

En las penumbras de la historia, casi en las oscuridades, allí donde los historiadores ni testigos pudieron documentar y sin pasar a la relevancia; un herrero, quizás viejo, quizás, joven, tal vez sabio, tal vez terco, forjó en el silencio melódico de fraguas, martillos y metales líquidos chirriando en moldes, entre vapores y fuego, la hoja que algún día portaría el general José de San Martín. Lejos de su origen, lejos de aquella fragua que le fue de cuna. Un noble guerrero lo levantaría en busca de la libertad de un continente.

¿Qué canción habrá entonado el herrero mientras creaba la espada del Padre de la Patria?

 

Somos capaces de enamorarnos de un objeto de la manera más simple, con solo verlo y muchas veces en la simpleza de este acto se nos hace suficiente para imaginarnos una historia junto a él. 

¿Qué habrá pensado el joven teniente San Martín al ver por primera vez el sable que compraría?

 

Es ideal para cabalgar en la batalla”.

Me acompañará hasta la muerte”.

Lo blandiré frente al enemigo tantas veces como sangre deba derramar por amor a la libertad”.

 

Es incoherente pensar que nunca tuvo nombre y solo fue el sable, o mi sable”. Seguramente habrá poseído un nombre, que mucho nos diría sobre el General y su estrecho vínculo con algo tan importante como la extensión de su brazo, en órdenes, en combate, en presencia.

¿Cuál es el nombre secreto con qué el joven aventurero, ambicioso de historia habrá bautizado su sable?

 

Cuando las cordilleras majestuosas piden reflexión y a paso de hombre su corcel bambolea la vaina contra su pierna. Cómo el tic-tac de un reloj en la madrugada silenciosa del hogar, como las gotas de lluvia escurriéndose en una canaleta y perdidos en el ritmo monótono meditamos.

El hombre que liberaba Patrias, tal vez daría lugar en sus cavilaciones a sus planes, las estrategias, o nada más simple, quizás qué el rememorar las páginas de un viejo libro mentalmente.

¿Cuántas veces el suave golpeteo cíclico del sable colgado de la cintura contra el muslo ha ayudado en meditaciones al general en sus marchas? 

 

Ese brazo que tantas veces extendió el sable pidiendo la carga de todo un batallón. La sangre con ese sabor y olor oxidado, se escurrió entre sus dedos y la empuñadura en el fragor de la batalla.

¿Cuántas veces empuñó el arma para matar semejantes en honor a la libertad de un continente? 

 

Ya viejo, desterrado, pero feliz con su familia, mientras en sus paseos matutinos con sus nietas en el exilio francés, riéndose, disfrutando y tratando de que el poco tiempo que me queda, poder inculcarle los hermosos valores que una vez hicieron héroe al hombre que no fue seducido por el poder para caer en la tiranía. Mientras acaricia los cabellos de sus nietas paternalmente y sonríe, con la misma mano que otrora acariciaba el pomo de su sable, tal vez como un gesto mecánico, tal vez como quien frota un amuleto ¿Cuántas veces habrá fijado su vista en el arma que empuñó alguna vez? Sintiendo su seguridad. Mirándolo de soslayo en la soledad de su cuarto en Boulogne-sur-Mer, ese sable apoyado casi con descuido en un rincón, como esperándolo una vez más, como cuando lo esperaba en la tienda de campaña directo a la batalla.

 

¿Quién se imaginaria hablando inglés o francés como segunda o primera lengua oficial? Él no, como cuando ofició casi accidentalmente (tal vez no) de diplomático entre el bloqueo de Inglaterra y Francia contra los puertos de su Argentina. Por eso en la soledad de su testamento pensando en el mejor refugio para su arma, destinando su preciado sable a quien ahora bogaba por la libertad contra otra posible colonización extranjera.

¿Qué mejor lugar para mi sable que me ha acompañado en toda la Independencia de América?

3º. El sable que me ha acompañado en toda la guerra de la Independencia de la América del Sur le será entregado al General de la República Argentina, Don Juan Manuel de Rosas, como una prueba de la satisfacción que como argentino he tenido al ver la firmeza con que ha sostenido el honor de la República contra las injustas pretensiones de los extranjeros que tentaban de humillarla."

 

 

Perdido en el tintineo del martillo en la futura hoja del sable el herrero forjador, frunce el ceño “Ojalá esta hoja pueda ser portada por un noble guerrero

¿Quién será ese guerrero?

   



De última, tal vez, sea solo un sable.

17 de agosto de 2010. 

A 160 años del fallecimiento del General José Francisco de San Martín.

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