---SE RECOMIENDA ESCUCHAR CON AURICULARES---
Caronte (Charon) es un relato fantástico del escritor inglés Lord Dunsany (24 de julio de 1878 - 25 de octubre de 1957), publicado en la antología de 1915: Cincuenta y un cuentos (Fifty-One Tales).
Las ilustraciones usadas son de Paul Gustave Doré (Estrasburgo, 6 de enero de 1832-París, 23 de enero de 1883) para la edicion de 1867 de la Divina Comedia.
Locución, Musica y efectos grabados en estudio RIES en abril de 2020.
audiorelato ambientado
audiorelato ambientado version Metal
Texto completo:
Caronte (Charon)
Lord Dunsany (1878-1957)
Caronte se inclinó hacia delante y remó.
Todas las cosas del mundo eran
una con su infinito cansancio.
Para él, la cuestión no se reducía a simples años o siglos, sino a
ilimitados flujos de tiempo, y a una antigua pesadez y a un punzante
dolor en los brazos, que se habían convertido en parte de un laberinto
creado por los dioses y en un pedazo de Eternidad.
Si los dioses le hubieran enviado siquiera un viento contrario esto
habría dividido todo el tiempo en su memoria en dos fragmentos iguales.
Tan grises resultaban las cosas donde él estaba, que si alguna
luminosidad se demoraba entre los muertos, en el rostro de alguna reina
como Cleopatra, sus ojos no podrían percibirla.
Era extraño que actualmente los muertos estuvieran llegando en tales
cantidades. Llegaban de a miles cuando acostumbraban a llegar de a
cincuenta. No era la obligación ni el deseo de Caronte considerar el
porqué de estas cosas en su alma sombría. Caronte sólo se inclinaba
hacia adelante, y remaba.
Entonces nadie arribó a sus costas por un tiempo. No era usual que los
dioses no enviasen a nadie desde la Tierra; pero claro, los Dioses
saben.
Entonces un hombre llegó solo. Y una pequeña sombra se sentó
estremeciéndose en una playa solitaria y el gran bote negro zarpó. Sólo
un pasajero; los dioses saben. Y un Caronte enorme y abatido remó y remó
junto al pequeño, silencioso y tembloroso espíritu.
Y el sonido del río era como un poderoso suspiro lanzado por Aflicción,
en el comienzo, entre sus hermanas, y que no pudo morir como los ecos
del dolor humano que se apagan en las colinas terrestres, sino que era
tan antiguo como el tiempo y el dolor en los brazos de Caronte.
Entonces, desde el gris y tranquilo río, el bote se materializó en la
costa de Dis y la pequeña sombra, aún estremeciéndose, puso pie en
tierra, y Caronte volteó el bote para dirigirse fatigosamente al mundo.
Entonces la pequeña sombra habló, había sido un hombre.
«Soy el último», dijo.
Nunca nadie había hecho sonreír a Caronte, nunca nadie lo había hecho
llorar.