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Ojalá Sean
Figuritas Falsas
Crestomatías.
Escrito Mundialero.
Tiempo de lectura: 6´
min.
Intenté,
aunque me costaba un montón, abstraerme de mi mismo y analizar lo mucho que
estaba disfrutando ese momento, pero me di cuenta que lo disfrutaba tanto qué,
en mi análisis, disfrutaba de estar disfrutándolo.
Sacaba
la lengua como si eso me garantizara que mi concentración sea más efectiva.
Pegar adecuadamente la figurita en su álbum, en su lugar exacto, sin desviarse
del marco, es casi un arte. Seguía siendo un niño en el proceso de apertura de
cada sobre y pegado de cada figu, aunque en estos tiempos no necesitamos más la
plasticola.
Todo iba
sin problemas ¿quién se iba a imaginar esos malditos sobres?
Ahora que
soy adulto me puedo dar el lujo de comprarme más de uno y venía muy bien, solo
dos repetidas de quince, así que tomé el cuarto sobre. Estaba como desgastado,
pero se percibía el holograma detrás del logo del mundial, antes el holograma
en un objeto así era una cosa del futuro, hoy era tan cotidiano y me brindaba
la seguridad de tener un producto oficial; pero lo sentí más pesado, como si
hubiese levantado un sobre con rectangulitos de hojalata.
Algo
pasó cuando lo tuve en mis manos buscando la posición correcta para abrirlo sin
dañar las figus, algo que sabemos solo los que se enfrentan a este desafío de
abrir sin romperlas.
Sentí
una pesadumbre, qué, a la luz de los hechos, solo ahora puedo identificarla
como tal. Lo abrí sin mayor problema, tomé las cinco figuritas, qué se sentían
más pesadas, tenían polvo, una fina capa de polvo, pero no estaban sucias. Mi
corazón tuvo un presentimiento, esa pesadumbre…
El primer
problema fue obvio, Mohamed Al-faraj no estaba en Arabia Saudita. Mi sorpresa
fue que la figurita era a todo análisis, totalmente original y oficial. Pero
Mohamed no estaba en la selección convocado, no estaba en las páginas del
álbum. A veces por problemas de lista de jugadores seleccionados y tiempo de
impresión de las figuritas, estos hechos curiosos se suceden, googleé un poco y
me enteré que Mohamed Al-faraj no existía. Antes de ponerme loco miré la
siguiente figurita, sentí un pequeño soplo de aire al tomarla con mis dedos.
Era la FWC
18,
la pelota oficial del mundial Al Rihla con sus hermosos trazos azules, rojos y
amarillos, pero estaba desinflada. O sea, la imagen era un perfecto y hermoso
balón de futbol, pero totalmente desinflado o pinchado.
Algo
estaba mal.
La
tercera figurita de este paquete al tocarla, sentí una punzada de dolor, una
presión en el pecho, era RUS 14. Pero Rusia no había
clasificado al mundial, mire mi pulgar y estaba manchado ¿sangre? Era una
pequeña película de fluido rojo, a veces el papel actúa como si fuera un filo y
te corta, así que puteando revise mis dedos. No me había cortado. La sangre era
de la figurita.
Asustado
la tiré sobre el álbum sin parar de putear.
Ese
viejo de mierda me había vendido un paquete de figuritas truchos.
Esa misma
tarde con algo de vergüenza me había acercado al colegio primario del barrio;
siempre que pasaba en el auto veía a ese casi decrepito viejo lleno de canas
vender en su kiosquito ambulante golosinas y figuritas a los chicos en la
puerta de aquella escuela primaria. Su local no era más que una bicicleta con
una mesita portable adaptada al marco de la misma bici.
Cuando
le pregunté al Viejo si tenía figuritas recuerdo me increpó ¿para qué las quería? y ¿si no me parecía que estaba grande para
esas cosas?
“Es lo
que todos repiten. Pero amo el futbol, encuentro tanto placer llenando el álbum
como tomando una cerveza o comiendo un asado, soy grande lo sé. Pero el álbum
no deja de ser un documento histórico que va a parar en mi biblioteca, y encima
jugando. Necesito más figus”
Recuerdo
que sonrió y me dijo, le quedaban tres paquetes de las comunes y dos paquetes de
los especiales, recuerdo los saco del fondo de una caja.
“Acepto su respuesta porque es sincera, y que
nadie lo juzgue porque creen que jugar es una cosa de chicos, disfrútelas, se
va sorprender: el fulbo… es mágico”
Volví a
putear ¿El Viejo me había engañado? Era imposible, el sobre estaba intacto,
impoluto, era un producto oficial.
Di
vuelta la cuarta figurita. Era ARG19, Lionel Messi. Pero no era el
Leo que todos conocíamos, entrado en algunas canas, un poco arrugada la cara y
con una mano en el pecho, sonreía. Esa figurita era de un mundial por venir,
pero yo ya la tenía en mis manos y a Messi se lo veía feliz.
La
quinta figurita FWC 23 del sector de selecciones
campeonas y mundiales. Era una imagen en blanco y negro, en la escuadra
perfectamente acomodada para la foto, un intruso acompañaba la formación
alemana de 1942. Era el ministro de Relaciones Exteriores de Alemania, Martin
Franz Julius Luther.
Ese
mundial nunca se concretó. Pero yo tenía la figurita en mis manos.
Revise
con cuidado el segundo paquete especial del Viejo. Todo estaba en orden, los
colores, el tamaño, la marca de agua, el logo, todo estaba perfecto y cerrado
herméticamente. Lo abrí.
Otra vez
las figuritas me pesaron en las manos. Pogba, FRA 11,
imponente, su sonrisa y su rostro oscuro parecían mirarme fijamente. En la
frente tenia marcada la media luna del Islam, era evidente se la habían marcado
con tiza o pintura blanca el día mismo que le tomaron la foto, como para
diferenciarlo de los demás jugadores y los demás franceses, también pude sentir
ese silencioso apartheid que sufren muchos europeos.
La
siguiente figurita era más rara, de indudable autenticidad, aunque no encontré
lugar en el álbum para colocarla. Un José Mourinho sonría, DT04.
Todavía no había lugar para los directores técnicos en las páginas de los
álbumes del mundial de turno. Lo que daría por tener la figu del doctor
Bilardo. FWC 15, la numeración me indicaba que era un estadio,
la di vuelta. Una imagen de una calle de tierra y dos pares de piedras simulando
arcos: era el Potrero.
Me
acordé del barrio ¿Qué VAR se hubiera animado a medir si la pelota fue muy alta
en aquellos tiempos de goles y alturas dudosas?
La
siguiente figurita estaba amarronada, había pasado mucho tiempo. Pero la
esperaba tanto, la numero 117 del álbum del mundial Italia
90. La formación de Argentina. La había buscado, en recreos, en plazas, en las
casas de mis amigos. Mi viejo había estado atento hasta con sus compañeros de
laburo, pero no la habíamos podido conseguir. Treinta y dos años después por
fin sacaba la figurita que tanto había buscado, ahí, en el sobre del mundial de
Qatar 2022.
Cuanto
miré la última figu, me vino el recuerdo exacto del momento de la imagen. El
Diego en su gala de los setenta años. Gordito, pero de buen porte, chueco por
las tantas patadas que le pegaron en su vida y vistiendo un traje azul muy
fino, sonriendo y levantando las manos, saludando a todos los presentes, desde
sus compañeros de la selección, como el Cani, a sus amigos otrora rivales,
Lineker, Matthäus, más todos los grandes monstruos del futbol, qué se habían
dado presencia esa noche para saludarlo, al Capitán, al mejor jugador de la
historia, al ser humano lleno de errores, al único D10s.
La
imagen de la figu me trajo un recuerdo tan vivido de la trasmisión de aquella
noche. Solo que el Diego nunca estuvo ahí. Terrenalmente lo habíamos perdido en
el 2020. La figurita de Leyendas. Tampoco tenía lugar en este álbum.
Se me
empezaron a caer las lágrimas. Esas figus eran muy fuertes. Mi vista volvió a
la de Messi, la mano tocando el corazón tapaba parcialmente el escudo de la
AFA, y juro qué por la disposición de la estrella que se podía ver, que no
había dos, sino tres. Pero no se alcanzaban a verlas. No puedo asegurarlo, pero
la sonrisa de Leo me lo decía todo.
Las
figus las guardé en un sobrecito de tela.
Por un
momento, y después de tantas sensaciones que había sufrido al estar en
contactos con ellas, y con lágrimas en los ojos, deseé que fueran falsas.
¿De
dónde habían salido?, ¿De qué Tiempo extraño habían venido?, ¿Qué mensajes
ocultos me estaban contando? ¿Cómo llegaron a esos sobres de figuritas?
Tal vez
un multiverso, un viaje en el tiempo, otra dimensión, otra realidad, o la más
triste, nuestra realidad sin censura.
“¿Tenés
el álbum?” recordé me ofreció el viejo “Porque tengo de los especiales”.
El lunes,
sin falta, a la salida del cole, iba a ir a comprarlo.
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