sábado, 21 de diciembre de 2013

Interpretación (reversión en 2021)

 

Interpretación

 

   El Día del Juicio.

   Porque no importa sí tú lo crees, que ya te tocará su suerte.

   Más allá de la muerte no hay tiempo, ni tampoco tiempo como el humano lo conoce.

   En el instante de tú propia muerte se llevará a cabo el juicio. Y será simultáneo con todos los que alguna vez fueron humanos y pisaron la faz de la tierra.

   Esto es posible para las autoridades del Día del Juicio.

 

 

   No importa sí tú hermano falleció hace unos años o un romano hace siglos.

   En guerra de hombres, o enfermedades, en catástrofes de la madre tierra o porque tus días terminasen. Todo aquel que muere se convierte en el mismo instante del que murió antes y morirá después.

 

 

   Los misterios del universo todavía no revelados para simples mortales, no permiten asimilar este suceso. No es magia.

   Es omnipotencia del creador.

   Aunque caemos al abismo en distinto días, lunas, ciclos o centurias, todos seremos y somos juzgados en el mismo instante.

 

 

   Incluso el Ragnarok está siendo más allá de la muerte ahora mismo.

   Osíris pesará tú corazón en la balanza, mientras Thot lo fiscaliza, ahora mismo.

   Mientras tu lees esto amigo lector, incluso nos espera, porque también comenzará a la hora nuestro deceso


sábado, 7 de diciembre de 2013

Atravesando un instante del tiempo (reversión en 2021)



Atravesando un instante del tiempo

 

Esta vez no fue una visión la que me asaltó en mi calma, sino que yo fui a su encuentro. Pero tampoco puedo decir que fue una visión.

Más bien iba cabalgando en el viento, sobre el camino, empujado por la búsqueda de ciertas estimulaciones. En mi viaje, sentí el grito desgarrador del silencio.

Me detuve.

La noche cerrada y sin luz de la ciudad solo desparramaba estrellas en un oscuro y más silencioso firmamento.

Ella, niña, estaba al costado del camino, quiso sonreírme al verme, pero su dolor era mayor que cualquier intento de conversación.

No importa la religión o la creencia que tengas viajero –me dijo-. Un pecado es un pecado, aquí en este instante de la humanidad como en los anteriores. No importa el castigo de tu Dios o que Dioses resguardan tu camino. Sabes en el fondo de tu alma lo que un pecado es”.

Hizo silencio para que asimilará lo que me desafió.

“La naturaleza del pecado es única agregó-, reconocible, aun entre la maldad”.

Atiné a poner mi mano en su hombro, buscando la forma de hacerle saber que yo la escuchaba, y que le extendía mi energía para sobrellevar el instante.

-Eres muy niña para saber y hablar de pecados, incluso de pecar.

“¿Acaso no nacemos en el pecado estúpido ignorante? ¿Acaso no lo aceptaste por los siglos de los siglos?”

Me asustó el tono en que me lo dijo, su vocabulario pareció cargado por las picardías de un demonio. ¿Y si era víctima de un engaño? Y aquí la dulce inocente imagen no era un artilugio justamente de un astuto demonio.

Incluso voy descubriendo la verdad mientras sucede este instante, mientras el escritor de mi realidad sentado en un colectivo sobre la Ruta va escribiendo mi suerte. Ni él ni yo sabemos cómo terminara esta historia por el momento.

 

Mi susto fue tal cuando las alas de la niña se desplegaron por un momento, para luego taparse con ellas, como abrigándose. Levantó su mirada y la encontró con la mía. Ahora si sonrió.

¿Demonio? ¿Ángel? ¿Criatura mística?

“¿Cuántas veces has pecado a conciencia esta última semana viajero?” –preguntó una vez más con voz tierna.

Tú y todos sabemos del pecado, lo reconocemos aun antes de cometerlo. Y esperamos que el peso de la culpa no sea lo suficientemente agobiante en el futuro”.

Sus alas se abrieron una vez más, el sonido y el viento producido por el movimiento me llegó y me estremeció. Las dejó quietas, estiradas, me sonrió, se volvió a abrigar con ellas haciendo un círculo. “Una casita” pensé tratando de sacarle una sonrisa a mi terror y confusión.

“Restamos, subestimamos, quitamos prestigio a los dioses, al futuro castigo de cada infierno más allá de esta vida terrenal”.

“Tal vez –continuó-, ya habrá tiempo a su debido tiempo, cuando deba sentarme frente a ellos” –dijo con un tono burlón.

Con sus alas acompañaba el discurso como si fueran sus manos, y las movió lentamente como si estuviera haciendo ademanes con sus brazos.

“Vuelve a perdonadme, oh dios santo mío dios” –dijo echando sus ojos para arriba. Su flequillo jugó sobre su frente, lo que hizo que su suplica se vuelvo más inocente.

 

Tanto yo, como quien escribe, nos percatamos que había sido apropósito.

“El Pecado Viajero. Piénsalo. Mejor aún, siéntelo”.

En una confusión me desperté sin estar dormido, escribiendo, aunque lo haya vivido. Y mientras lo recordaba, el escritor se preguntó si fue él el pecador.

Al mismo tiempo en esta confusión, la niña desplegó sus alas, se incorporó, era tan alta como un adulto. Me besó en la mejilla, como la tentación hace a cada instante en nuestras vidas pecadoras y lanzó vuelo por los aires nocturnos, perdiéndose en la altura entre las estrellas.

El viento volvió a empujarme encausándome en el camino una vez más. Llevándome. Y dejé al lector sin que se haya dado cuenta desde el principio, leyendo estas palabras.

Preparando su próximo pecado.

 

Tal vez una nota aclaratoria:

Acá son las cuatro de la madrugada en algún lugar de la Ruta, no sé a qué hora sucedió, o a qué hora lo estas leyendo.

martes, 3 de diciembre de 2013

Un roedor en mayo hizo rock en Buenos Aires



Soy una mezcla de todas las fantasías juntas, la mentira que más te gusta.
Soy lo que siempre quise ser y no podemos negarlo
Encontrame en las calles

-Creo que disfrutamos como nunca de un recital, quizás el mejor de todos.
-¿Y qué es lo que lo diferencia de todos los demás?
Pensé unos segundos –Yo, sin duda yo, antes era otro, aunque siempre soy el mismo.

Buenos Aires natal, me recibió de otra manera a la que siempre me recibe.  Otra vez muchos amigos, paseos y compromisos con cosas de hace años.
Con amigos aprendiendo en charlas…
Con espacios y museos emocionado…
Con reencuentros de miles de años…
Con viajes a Júpiter y futuras premios nobel…
Con la misma banda 25 años después…

Con amigos aprendiendo en charlas…
Desde el folclórico ballet nacional con gente que sabe de estas cosas…
Con espacios y museos emocionado…
Aconsejo, como a mí me lo hicieron hace unos años y me lo mencionaron otra vez aquí, visitar el museo de Bellas Artes. Un hermoso lugar donde la belleza de la humanidad se manifiesta en arte, con increíbles logros visuales que estimulan al palo tu corazón. Estaré viejo, pero tuve que retirarme antes de emocionarme más.
Viajando en el tiempo por lugares que uno no visitaba hace años.
Con reencuentros de miles de años…
En un bar de la vida, por tiempos perdidos donde se juega ajedrez, pin pon y billar en hora de la madrugadas sentados a mis lados estaba un compañero de secundaria y otro compañero de primaria ¿Acaso eso no es inmensa suerte?
Las futuras premios nobeles nos abrieron la cabeza cual ratones de laboratorio para contarnos lo importante que es usar ratones de laboratorio para que los abuelos, tíos, padres y amigos sigan estando acá acompañándonos… Gente que ayuda a gente, en silencio.
En ese mismo bar, nuestra poderosa aura adquiere pasajes exclusivos a Júpiter, los refutadores de leyendas dirán que el viejo loco solo nos vendió dos lapiceras, pero esa es la fachada de tan importante emprendimiento intergaláctico.
También encontramos a primos perdidos, de ese árbol llamado familia que ni los hachazos del tiempo lo derriban.
Con la misma banda 25 años después…
Rata Blanca tiene 25 años, se juntaron nuevamente todos sus integrantes, nosotros hace 23 los seguimos a todos lados.
Ahí estuvimos en un repaso de casi toda una vida con las canciones que nos acompañaron en cada salida a la calle, en cada abrazo en la noche.
Y confirmar una cosa, es imposible arrepentirse del camino elegido.

“No seré uno más, Rock and Roll, vos me diste libertad”

La Marea de Black Sabbath

       Ozzy esta frente al escenario, frente a todos nosotros. Agita, incita, nos solicita, nos grita “oh oh… oh oh… oh oh”, y nosotros le respondemos Comienza el “ole ole ole, ole ole ole olaaa…”.
       Y todos sabemos cómo sigue el canto, somos argentinos, miles de veces lo escuchamos en la cancha, en la calle, en la televisión, en otros recitales y lo completamos con el “ole ole ole cada día te quiero más, soy… de Black Sabbath, es un sentimiento no puedo parar” Sí, soy de Black Sabbath, pero no lo grito en la soledad de mi habitación, o caminando por la calle, no me pongo a saltar en mi casa yo solo. Lo grito acá, porque acá es distinto, nos entregamos a la tribu, acá somos una tribu. Y acá no hay visitantes, en este estadio somos todos locales, todos pateamos para el mismo lado, miramos todos hacia el mismo lado, hacia el escenario; en el fondo, esto es una reunión de amigo. 
      Y de repente el milagro sucede. Alguien empieza a saltar, todos saltan y la segunda vuelta es una arremetida, ya no es un cantito, una canción de amigos de un domingo a la tarde, es un grito de guerra “ole ole ole, ole ole ole ola…” y las gargantas se desgarran y saltamos, en un solo salto. Salto que ya es una marea, una perfecta marea creciendo, un rugido, que vuelve y choca por todos los rincones del estadio, y se escucha el mismo grito que vuelve con el delay. “Cada día te quiero más”, y de repente en la noche suena la única canción sin instrumentos, la única canción que no va a tocar la banda, la única canción sin música de fondo. Nosotros somos la música. 
       Y la gente enardecida quieren llegar más alto, salta, mas fuerte, grita, se llenan las almas, se abrazan, y las únicas lagrimas que veo son de gente llorando de alegría, lo demás son enfermas sonrisas. 
Ozzy se acerca a Tommy, quiero imaginarme que le está diciendo “viste, te dije que están todos locos” y se acercan a la cornisa del escenario donde la marea no para de saltar y rugir. Donde las olas golpean con el rugir de un solo grito. Abren sus brazos, saludan “soy… de Black Sabbath”. 
      Por un momento recuerdo que antes de hoy tenía problemas, que en el mundo hay cosa más importantes que 40 mil, 50 mil locos saltando por una banda que cuando se separó muchos de nosotros estábamos naciendo. Y volvieron por nosotros, por cada uno de los “soy de Black Sabbath”, porque es “un sentimiento, no puedo parar” Yo quisiera explicártelo, quisiera contarte, pero no vas a entenderlo nunca, porque si no estás ahí en uno de esos momentos, no lo sabrás, si alguna vez no seguiste 20 años una banda, tampoco, si nunca estuviste en la marea, no vas a saber lo que es nadar con la tribu. 
      El grito. 
      Yo quiero explicarte y contarte que hay cosas muchos más importante, pero que a mí no me importan. 
      Me gustaría que lo entiendas, pero para eso tendrías que estar acá conmigo. 
      Hoy toca Black Sabbath