Un fantasma, un ente casi corpóreo de formas difusas pero corpóreo al
fin.
Alguna vez hombre, vestido de un traje gastado por el tiempo fantasmal.
De aspecto educado, pero tenebroso, fantasma al fin.
Me miró, me pareció verlo perplejo, pero eso era imposible, él era el
espectro merodeador de la oscuridad.
Yo estaba aterrado de su presencia.
Sentí el frío de la oscuridad que se negaba a irse con la luz encendida.
Todas estas sensaciones duraron menos
de un segundo. Y él habló.
-Disculpé, pensé que no volvía.
-No por favor -atine a responder-,
disculpe usted, me olvide mis auriculares.
-Aquí sobre la mesa -me señaló.
-Si molesto me retiro, no quería
asustarle -agregó.
-¡Por favor! Faltaba más, a esta hora ya debería estar yo durmiendo ¿Me
los pasa? -señalé los auriculares.
-Preferiría no tocar nada frente a un humano. Es la costumbre.
-Permiso- lo esquivé, tomé mis
auriculares y caminé dándole la espalda.
-¿Apago la luz?
-Gracias, muy amable -me dijo-. Vaya, cualquier cosa le aviso con un
ruido o con un susto.
-Hasta mañana.
-Hasta mañana.
Llegué a mi habitación y a la luz de los acontecimientos, literalmente,
preferí dormir con la puerta abierta esa noche, pero con la luz apagada.