“Carolina
me preguntó de dónde veníamos
y yo
le dije qué no sabía,
porque
no quise decirle la verdad“
Comentario de un perdedor perdido en una ciudad
Me dijo que sí, que existió un
comandante poderoso de las fuerzas celestiales. Portador de luz, poderoso, gentil,
de fuerte carácter y llamado Lucifer. Que en su devenir desairado se enfrentó a
Dios y fue desterrado.
El desertor cayó y así se lo
conoce como el primer Ángel Caído.
Me contó que lo qué los eruditos,
pensadores y científicos descubrieron en el espacio profundo, vestigios del
tiempo antiguo, como el origen del Universo, es verdad. El big bang, la gran
explosión primigenia de luz que se expandió y dio comienzo al polvo de estrellas
del cual todos somos parte.
Ambas cosas son ciertas, esperó
que asimilara la idea y me compartió la verdad. Para qué mi terrenal y humano
ser comprendiera se introdujo en mi pensamiento y allí pensó y fue como si me
estuviera hablando.
Me confesó que en la caída de Lucifer,
el Ángel se expandió y se hizo luz, una Luz muy potente que originó la materia,
que fue el principio de este Universo el que conocimos muchos eones después al
llegar en la forma de seres humanos. Pero el mismo polvo de estrellas producto
de la expansión de aquella Luz.
Fue entonces cuando entendí que
nuestra naturaleza humana es la naturaleza de Lucifer, de Satán y otro cientos
de nombres que posee el Ángel Caído. Comprendí que nosotros estamos hechos de
esa poderosa y maldita luz.
Que nuestra naturaleza humana está
hecha de maldad (el pecado tal vez también sea Maldad), Maldad creada desde esa
luz, esa expansión, ese Big bang, ese Ángel Caído.
Luego sentí en mi mente y en mi
espíritu los llantos de millones de almas condenadas en el infierno, millones
de almas en la eternidad de un sueño que continúan expandiéndose en el infinito,
en la luz caída que esperan el gran designio final. Sea redención o no.
Nosotros somos parte de esa maldad
que una vez desertó, renegó de su creador y luego cayó. Pienso que el pecado
tal vez también sea Maldad.
Entonces comprendí la sangre en
mis manos y las respuestas a mi acto. La peor de las justicias humanas hubiese
sido mejor a esta verdad que ahora conocía.
Sentía esos millones de llantos,
mis manos llenas de sangre y maldad. Él apoyó su mano en mi hombro pero el
consuelo era en vano.
Sentí la luz y sentí nuestra
naturaleza...
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