Que maravillas hubiese escrito Borges de este muchacho Messi. Que versos hubiese improvisado sobre su magia.
No, cierto que al ciego no le gustaba el fulbo y sino sabía quién era el Diego porque iba a saber quién era Lionel.
¿En qué equipo jugaba Jorge Luis?
Con que gambetas esquivaria hablar de fulbo o patearía fuerte al medio con alguna metáfora tonta, adrede, sobre las mediocridades del periodismo deportivo.
¿Hablaría del tiempo y lo efímero del jugador? Ojalá también de la dicotomía de la pelota manchada llena de goles del Pelusa, o de la rectitud y atravesar estadísticas del messias; O simplemente se llamaría a ignorancia para seguir en convirtiéndose en un mejor lector.
Seguramente no sabría cuánto pesa ni la copa ni el nobel, pero si sabe, como el Diego y Lionel, cuánto pesa la eternidad mientras la juegan como leyendas.
Y sin duda, los dos Borges se burlarían con brutalidad de este escrito, si por algún fortuito y castigo del destino alguien pudiera leerselos.
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A 40 años del Gol del Diego a los ingleses.
A 40 años y 8 días del fallecimiento de Borges.
A unos horas del gol 18 de Messi en los mundiales.
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