(Inspirada en una coincidencia con Willian BLake)
No sé donde fue y nos dirigíamos
hacia el sol, sobre una ruta desierta. No había ángeles ni demonios, pero si
había uno solo que eras tú, y dormías placida sentada sostenida por el cinturón
de seguridad con tu rostro iluminado por el astro solar. Y eso no te molestaba.
En algún momento una melodía muy
bella, canciones del alma, bañaba todo el instante, la emitía una radio. Y la Ruta era infinita y
amiga.
Yo manejaba tomando el volante
firme con ambas mano.
Nadie nos seguía y yo me daba
cuenta de la perfección del momento y sonreía. La felicidad me embargaba y
comenzaba a reírme. Entre sueños hermosos mi risa te despertaba y en vez de
enojarte, te contagiabas de ella y preguntabas rezongando “¿De qué te ríes
tonto?”.
“Nada, es el día mas importante y
feliz de mi vida”.
“Siempre exagerado”, me llamabas
la atención y volvías a dormir.
No sé, ni tuve tiempo en mi visión, de
saber quién nos acompañaba, pero detras nuestro dormía con su pequeña e inocente vida. También sé que no nos seguían ni perseguían, que
éramos libres y solo íbamos los tres.
Esta visión me llenó de esa Paz y
en mi realidad sonreí y de repente la anhelé y cuando puedo en silencio
vuelvo a ella.
Cada paso que doy reflexiono cuanto me voy
acercando.
Si tu lector supieras el momento
de vida en el que estoy, sentirías el mismo terror que yo al darte cuenta lo
lejos que esa visión esta de mi.
¿Cómo llegaré a ella? ¿Cuándo? ¿Por
qué mi amada esta tan lejos, si en mi visión todo era caótica belleza y
normalidad?
Mis pasos no son los mismos y mis
decisiones son tomadas con sumo cuidado para pronto vivir aquella visión que
hoy tan lejana, es terrorífica.
Como si ángeles o demonios
lucharán quemándose sus alas al sol empujándome o evitando aquel futuro
distante presente.
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