Preocupado en mí pequeña
habitación, un pequeña porción mínima de este mundo, me asalta una visión
ligera y muy profunda en el espacio-tiempo donde entonces fue que yo estaba
escribiendo estas líneas y que me eran dictadas desde alguna parte.
Fuera de esta mesa donde escribo,
más alto que mi habitación, el cielo se envolvía en vientos, lloviznas y fríos,
preparándose una tempestad. Algunos humanos alucinados por su inminente
desenlace, adaptaban sus momentos, pero mas allá, más arriba de esta tormenta,
la quietud del cielo era desafiante, pero mi visión siguió elevándose y cruzó
lo que lo hombres llamamos cielo, se adentró en el espacio y lo hizo a una
velocidad ensordecedora avanzando entre estrellas que jamás pude reconocer,
hasta que llegué a una constelación donde discos protoplanetarios -en este
mismo instante también- están girando remolinos inimaginables de gases y
radiación formándose así nuevas estrellas. Increíbles fuerzas que la naturaleza
humana no puede tener por cierta por su brutalidad. Gases, hidrogeno, helio, metales
en una danza centrifuga mezclándose en fusión nuclear con el poder de miles de
soles con la fuerza de todos los dioses que alguna vez la humanidad inventó.
Anonadado, mi visión me empujó
aún mas lejos donde la quietud es terriblemente placentera y la locura esta a
un paso. Ahí percibí a una criatura amorfa, que está en contacto con otras tres
desde la eternidad misma de los tiempos.
Y antes que pueda percibir su
soledad, mi visión me arrastró fuera de todo, lejos de la nada misma; y allí
estaba sobre lo que yo podría llamar una mesa, un ente indescriptible de fuerza
divina, apoyado sobre sus extremidades, que
miraba todo el espectáculo, miraba mi visión, miraba a través de mis ojos, a
través de las nebulosas, a través de las
estrellas a través de la tempestad, de la tormenta y del techo de mi
habitación. Todo lo veía, porque el creaba todo en el instante de verlo. Y me
llenó de terror este sentimiento develado a mi mortalidad insignificante.
En una forma de comunicación
imposible de percibir, me habló porque se dio cuenta que yo estaba teniendo
esta visión que el mismo estaba inspirando en mi, sonrió y me explicó las
verdades de los tiempos, las certezas del universo y me mostro todos los futuros.
Tonto le pregunté por Ella, mi amada, y sé que me dijo la verdad y me felicitó
por sensata pregunta, pero me aseveró que había más cosas que debía aprender,
me insultó y lloraba yo por su furia.
Solo fue un instante, solo fue la
eternidad pura donde volvió a sonreír y como empujando una pieza de ajedrez
movió sus dedos, que quizás no eran dedos y me resto memoria para que nunca
rememore el suceso. Y así desperté a la razón en mi mesa escribiendo algo que
no sé porque escribo.
Me encanto!
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