martes, 3 de diciembre de 2013

La Marea de Black Sabbath

       Ozzy esta frente al escenario, frente a todos nosotros. Agita, incita, nos solicita, nos grita “oh oh… oh oh… oh oh”, y nosotros le respondemos Comienza el “ole ole ole, ole ole ole olaaa…”.
       Y todos sabemos cómo sigue el canto, somos argentinos, miles de veces lo escuchamos en la cancha, en la calle, en la televisión, en otros recitales y lo completamos con el “ole ole ole cada día te quiero más, soy… de Black Sabbath, es un sentimiento no puedo parar” Sí, soy de Black Sabbath, pero no lo grito en la soledad de mi habitación, o caminando por la calle, no me pongo a saltar en mi casa yo solo. Lo grito acá, porque acá es distinto, nos entregamos a la tribu, acá somos una tribu. Y acá no hay visitantes, en este estadio somos todos locales, todos pateamos para el mismo lado, miramos todos hacia el mismo lado, hacia el escenario; en el fondo, esto es una reunión de amigo. 
      Y de repente el milagro sucede. Alguien empieza a saltar, todos saltan y la segunda vuelta es una arremetida, ya no es un cantito, una canción de amigos de un domingo a la tarde, es un grito de guerra “ole ole ole, ole ole ole ola…” y las gargantas se desgarran y saltamos, en un solo salto. Salto que ya es una marea, una perfecta marea creciendo, un rugido, que vuelve y choca por todos los rincones del estadio, y se escucha el mismo grito que vuelve con el delay. “Cada día te quiero más”, y de repente en la noche suena la única canción sin instrumentos, la única canción que no va a tocar la banda, la única canción sin música de fondo. Nosotros somos la música. 
       Y la gente enardecida quieren llegar más alto, salta, mas fuerte, grita, se llenan las almas, se abrazan, y las únicas lagrimas que veo son de gente llorando de alegría, lo demás son enfermas sonrisas. 
Ozzy se acerca a Tommy, quiero imaginarme que le está diciendo “viste, te dije que están todos locos” y se acercan a la cornisa del escenario donde la marea no para de saltar y rugir. Donde las olas golpean con el rugir de un solo grito. Abren sus brazos, saludan “soy… de Black Sabbath”. 
      Por un momento recuerdo que antes de hoy tenía problemas, que en el mundo hay cosa más importantes que 40 mil, 50 mil locos saltando por una banda que cuando se separó muchos de nosotros estábamos naciendo. Y volvieron por nosotros, por cada uno de los “soy de Black Sabbath”, porque es “un sentimiento, no puedo parar” Yo quisiera explicártelo, quisiera contarte, pero no vas a entenderlo nunca, porque si no estás ahí en uno de esos momentos, no lo sabrás, si alguna vez no seguiste 20 años una banda, tampoco, si nunca estuviste en la marea, no vas a saber lo que es nadar con la tribu. 
      El grito. 
      Yo quiero explicarte y contarte que hay cosas muchos más importante, pero que a mí no me importan. 
      Me gustaría que lo entiendas, pero para eso tendrías que estar acá conmigo. 
      Hoy toca Black Sabbath

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