miércoles, 31 de octubre de 2012

Otra visión memorable terrorífica y eterna



        Preocupado en mí pequeña habitación, un pequeña porción mínima de este mundo, me asalta una visión ligera y muy profunda en el espacio-tiempo donde entonces fue que yo estaba escribiendo estas líneas y que me eran dictadas desde alguna parte.
         Fuera de esta mesa donde escribo, más alto que mi habitación, el cielo se envolvía en vientos, lloviznas y fríos, preparándose una tempestad. Algunos humanos alucinados por su inminente desenlace, adaptaban sus momentos, pero mas allá, más arriba de esta tormenta, la quietud del cielo era desafiante, pero mi visión siguió elevándose y cruzó lo que lo hombres llamamos cielo, se adentró en el espacio y lo hizo a una velocidad ensordecedora avanzando entre estrellas que jamás pude reconocer, hasta que llegué a una constelación donde discos protoplanetarios -en este mismo instante también- están girando remolinos inimaginables de gases y radiación formándose así nuevas estrellas. Increíbles fuerzas que la naturaleza humana no puede tener por cierta por su brutalidad. Gases, hidrogeno, helio, metales en una danza centrifuga mezclándose en fusión nuclear con el poder de miles de soles con la fuerza de todos los dioses que alguna vez la humanidad inventó.
       Anonadado, mi visión me empujó aún mas lejos donde la quietud es terriblemente placentera y la locura esta a un paso. Ahí percibí a una criatura amorfa, que está en contacto con otras tres desde la eternidad misma de los tiempos.
       Y antes que pueda percibir su soledad, mi visión me arrastró fuera de todo, lejos de la nada misma; y allí estaba sobre lo que yo podría llamar una mesa, un ente indescriptible de fuerza divina, apoyado sobre sus  extremidades, que miraba todo el espectáculo, miraba mi visión, miraba a través de mis ojos, a través de las nebulosas,  a través de las estrellas a través de la tempestad, de la tormenta y del techo de mi habitación. Todo lo veía, porque el creaba todo en el instante de verlo. Y me llenó de terror este sentimiento develado a mi mortalidad insignificante.
       En una forma de comunicación imposible de percibir, me habló porque se dio cuenta que yo estaba teniendo esta visión que el mismo estaba inspirando en mi, sonrió y me explicó las verdades de los tiempos, las certezas del universo y me mostro todos los futuros. Tonto le pregunté por Ella, mi amada, y sé que me dijo la verdad y me felicitó por sensata pregunta, pero me aseveró que había más cosas que debía aprender, me insultó y lloraba yo por su furia.
       Solo fue un instante, solo fue la eternidad pura donde volvió a sonreír y como empujando una pieza de ajedrez movió sus dedos, que quizás no eran dedos y me resto memoria para que nunca rememore el suceso. Y así desperté a la razón en mi mesa escribiendo algo que no sé porque escribo.

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